domingo, 18 de mayo de 2014

Qué es la Respiración Holotrópica


La Respiración Holotrópica es una forma de trabajo vivencial y terapéutico creada por el psiquiatra checo Dr. Stanislav Grof y su esposa Cristina Grof. El término Respiración Holotrópica Holotropic Breathwork Grof Transpersonal Training“holotrópica” deriva del griego “holos” (totalidad) y “trepein” (ir hacia), significa moverse hacia la totalidad; para reflejar que el bienestar resulta de trascender la fragmentación interior y la sensación de aislamiento de los demás y de lo que nos rodea.

Ha sido experimentada, desde 1976, por miles de personas en múltiples lugares del mundo con impactantes resultados terapéuticos, de desarrollo personal y de ampliación de la conciencia.

La Respiración Holotrópica es una de las más poderosas y eficaces técnicas de psicoterapia experiencial y de autoexploración profunda existentes dentro de la Psicología Transpersonal. Su propósito es alcanzar una mayor autocomprensión, expansión de la identidad del yo y facilitar el acceso a las raíces de los problemas emocionales y psicosomáticos. La palabra holotrópico sugiere la superación de la fragmentación interna, así como de la sensación de separación entre el individuo y el entorno.
Está basada en el gran poder curativo y transformador de los estados expandidos o no ordinarios de conciencia (estados holotrópicos), que pueden darse de manera espontánea o a través de prácticas psicológicas, rituales, experiencias místicas o de meditación profunda.

“Grof ha sido siempre uno de los pensadores más originales en el campo transpersonal, y su creatividad se une a la madurez de su visión global.” Michael Washburn

Respiración Holotrópica Holotropic Breathwork Grof Transpersonal TrainingEsta técnica combina respiración, música evocativa, trabajo corporal focalizado, arte (mandalas) e integración grupal. Mediante la respiración y música evocativa activamos la psique y es posible adentrarse en los estados expandidos de conciencia (estados holotrópicos). En dichos estados la psique tiene la sorprendente capacidad terapéutica de seleccionar y llevar a la conciencia contenidos inconscientes que contienen una fuerte carga emotiva y, por tanto, una gran importancia psicológica.

Estos estados holotrópicos permiten acceder a las capas más profundas de la psique de manera que emerjan a la conciencia un amplio espectro de contenidos relacionados con la propia vida (incluso episodios olvidados o reprimidos), memorias corporales y sensoriales, sensaciones físicas relacionados con problemas psicosomáticos, emociones vinculadas con las vivencias importantes, aspectos del inconsciente personal y colectivo, recuerdos kármicos, memorias celulares y relacionadas con nuestro nacimiento, visiones chamánicas, contenidos arquetípicos, etc.

“Grof muestra una impresionante recopilación de datos en apoyo a la eterna demanda de que la ciencia occidental reconozca plenamente a la consciencia y a sus múltiples estados no-ordinarions.” Richard Alpert (Ram Das)

El contenido de las experiencias es pues muy variado para cada persona en las diferentes sesiones, y varía también entre los participantes de una misma sesión. Podemos conectar con esxperiencias que incluyen:

· hechos biográficos: de nuestra vida desde el momento del nacimiento hasta el presente,
· material del nivel perinatal: relacionado con el tiempo que pasamos en el útero de la madre y del propio nacimiento, que pueden conectar con secuencias de muerte y renacimieto psicológico,
· y del dominio transpersonal: en donde la sensación de identidad se extiende más allá de persona, abarcando aspectos de la humanidad, la psique y el cosmos, que proporcionan una sensación de sentido de la vida y de conexión.

La obra del Dr. Abraham Maslow

Abraham Maslow nació en Brooklyn, Nueva York el 1 de abril de 1908. Fue el primero de siete hermanos y sus padres eran emigrantes judíos no ortodoxos de Rusia. Estos, con la esperanza de lograr lo mejor para sus hijos en el nuevo mundo, le exigieron bastante para alcanzar el éxito académico. De manera poco sorprendente, Abraham fue un niño bastante solitario, refugiándose en los libros.
Para satisfacer a sus padres, primero estudió leyes en el City College de Nueva York (CCNY) Después de tres semestres, se transfirió a Cornell y luego volvió a CCNY. Se casó con Berta Goodman, su prima mayor, en contra de los deseos de sus padres. Abe y Berta tuvieron dos hijas.Screen Shot 2013-11-22 at 9.19.02 AM
Ambos se trasladaron a vivir a Wisconsin de manera que él pudiese acudir a la Universidad de Wisconsin. Fue aquí donde empezó a interesarse por la psicología y su trabajo empezó a mejorar considerablemente. Aquí pasaba tiempo trabajando con Harry Harlow, famoso por sus experimentos con bebés resus de mono y el comportamiento del apego.
Recibió su BA en 1930, su MA en 1931 y su doctorado en 1934, todos en psicología y de la Universidad de Wisconsin. Un año después de su graduación, volvió a Nueva York para trabajar con E.L. Thorndike en la Universidad de Columbia, donde empezó a inetresarse en la investigación de la sexualidad humana.
Comenzó entonces a dar clases a tiempo completo en el Brooklyn College. Durante este periodo de su vida, entró en contacto con muchos de los inmigrantes europeos que llegaban a Estados Unidos, y en especial a Brooklyn; personas como Adler, Froom, Horney, así como varios psicólogos de la Gestalt y freudianos.
En 1951 Maslow pasó a ser Jefe del departamento de Psicología en Brandeis, permaneciendo allí durante 10 años y teniendo la oportunidad de conocer a Kurt Goldstein (quien le introdujo al concepto de auto-actualización) y empezó su propia andadura teórica. Fue aquí también donde empezó su cruzada a favor de la psicología humanística; algo que llegó a ser bastante más importante que su propia teoría.
Pasó sus últimos años semi-retirado en California hasta que el 8 de junio de 1970 murió de un infarto del miocardio después de años de enfermedad.

Teoría
Una de las mucha cosas interesantes que Marlow descubrió mientras trabajaba con monos muy al principio en su carrera fue que ciertas necesidades prevalecen sobre otras. Por ejemplo, si estás hambriento o sediento, tenderás a calmar la sed antes que comer. Después de todo, puedes pasarte sin comer unos cuantos días, pero solo podrás estar un par de días sin agua. La sed es una necesidad “más fuerte” que el hambre. De la misma forma, si te encuentras muy, muy sediento, pero alguien te ha colocado un artefacto que no permite respirar, ¿cuál es más importante? La necesidad de respirar, por supuesto. Por el otro lado, el sexo es bastante menos importante que cualquiera de estas necesidades. ¡Aceptémoslo, no nos vamos a morir si no lo conseguimos!
Screen Shot 2013-11-22 at 9.19.34 AMMaslow recogió esta idea y creó su ahora famosa jerarquía de necesidades. Además de considerar las evidentes agua, aire, comida y sexo, el autor amplió 5 grandes bloques: las necesidades fisiológicas, necesidades de seguridad y reaseguramiento, la necesidad de amor y pertenencia, necesidad de estima y la necesidad de actualizar el sí mismo (self); en este órden.
  1. Las necesidades fisiológicas. Estas incluyen las necesidades que tenemos de oxígeno, agua, proteínas, sal, azúcar, calcio y otros minerales y vitaminas. También se incluye aquí la necesidad de mantener el equilibrio del PH (volverse demasiado ácido o básico nos mataría) y de la temperatura (36.7 ºC o cercano a él). Otras necesidades incluidas aquí son aquellas dirigidas a mantenernos activos, a dormir, a descansar, a eliminar desperdicios (CO2, sudor, orina y heces), a evitar el dolor y a tener sexo. ¡Menuda colección!
Maslow creía, y así lo apoyaba sus investigaciones, que éstas eran de hecho necesidades individuales y que, por ejemplo, una falta de vitamina C conduciría a esta persona a buscar específicamente aquellas cosas que en el pasado proveían de vitamina C, por ejemplo el zumo de naranja. Creo que las contracciones que tienen algunas embarazadas y la forma en que los bebés comen la mayoría de los potitos, apoyan la idea anecdóticamente.
Las necesidades de seguridad y reaseguramiento. Cuando las necesidades fisiológicas se mantienen compensadas, entran en juego estas necesidades. Empezarás a preocuparte en hallar cuestiones que provean
  1. seguridad, protección y estabilidad. Incluso podrías desarrollar una necesidad de estructura, de ciertos límites, de órden.
Viéndolo negativamente, te podrías empezar a preocupar no por necesidades como el hambre y la sed, sino por tus miedos y ansiedades. En el adulto medio norteamericano, este grupo de necesidades se representa en nuestras urgencias por hallar una casa en un lugar seguro, estabilidad laboral, un buen plan de jubilación y un buen seguro de vida y demás.
  1. Las necesidades de amor y de pertenencia. Cuando las necesidades fisiológicas y de seguridad se completan, empiezan a entrar en escena las terceras necesidades. Empezamos a tener necesidades de amistad, de pareja, de niños y relaciones afectivas en general, incluyendo la sensación general de comunidad. Del lado negativo, nos volvemos exageradamente susceptibles a la soledad y a las ansiedades sociales.
En nuestra vida cotidiana, exhibimos estas necesidades en nuestros deseos de unión (matrimonio), de tener familias, en ser partes de una comunidad, a ser miembros de una iglesia, a una hermandad, a ser partes de una pandilla o a pertenecer a un club social. También es parte de lo que buscamos en la elección de carrera.
  1. Las necesidades de estima. A continuación empezamos a preocuparnos por algo de autoestima. Maslow describió dos versiones de necesidades de estima, una baja y otra alta. La baja es la del respeto de los demás, la necesidad de estatus, fama, gloria, reconocimiento, atención, reputación, apreciación, dignidad e incluso dominio. La alta comprende las necesidades de respeto por uno mismo, incluyendo sentimientos tales como confianza, competencia, logros, maestría, independencia y libertad. Obsérvese que esta es la forma “alta” porque, a diferencia del respeto de los demás, una vez que tenemos respeto por nosotros mismos, ¡es bastante más difícil perderlo!
La versión negativa de estas necesidades es una baja autoestima y complejos de inferioridad. Maslow creía que Adler había descubierto algo importante cuando propuso que esto estaba en la raíz de muchos y cuidado si en la mayoría de nuestros problemas psicológicos. En los países modernos, la mayoría de nosotros tenemos lo que necesitamos en virtud de nuestras necesidades fisiológicas y de seguridad. Por fortuna, casi siempre tenemos un poco de amor y pertenencia, ¡pero es tan difícil de conseguir en realidad!
Maslow llama a todos estos cuatro niveles anteriores necesidades de déficit o Necesidades-D. Si no tenemos demasiado de algo (v.g. tenemos un déficit), sentimos la necesidad. Pero si logramos todo lo que necesitamos, ¡no sentimos nada! En otras palabras, dejan de ser motivantes. Como dice un viejo refrán latino: “No sientes nada a menos que lo pierdas”.
Screen Shot 2013-11-22 at 9.20.19 AMEl autor también habla de estos niveles en términos de homeostasis, el cual es aquel principio a través del cual opera nuestro termostato de forma equilibrada: cuando hace mucho frío, enciende la calefacción; cuando hace mucho calor, apaga el calentador. De la misma manera, en nuestro cuerpo, cuando falta alguna sustancia, desarrolla un ansia por ella; cuando logra conseguir suficiente de ella, entonces se detiene el ansia. Lo que Maslow hace es simplemente extender el principio de la homeostasis a las necesidades, tales como la seguridad, pertenencia y estima.
Maslow considera a todas estas necesidades como esencialmente vitales. Incluso el amor y la estima son necesarias para el mantenimiento de la salud. Afirma que todas estas necesidades están construidas genéticamente en todos nosotros, como los instintos. De hecho, les llama necesidades instintoides (casi instintivas).
En términos de desarrollo general, nos movemos a través de estos niveles como si fueran estadios. De recién nacidos, nuestros foco (o casi nuestro completo complejo de necesidades) está en lo fisiológico. Inmediatamente, empezamos a reconocer que necesitamos estar seguros. Poco tiempo después, buscamos atención y afecto. Un poco más tarde, buscamos la autoestima. Imaginaros, ¡esto ocurre dentro de los primeros dos años de vida!
Bajo condiciones de estrés o cuando nuestra supervivencia está amenazada, podemos “regresar” a un nivel de necesidad menor. Cuando nuestra gran empresa ha quebrado, podríamos buscar un poco de atención. Cuando nuestra familia nos abandona, parece que a partir de ahí lo único que necesitamos es amor. Cuando logramos alcanzar el capítulo 11, parece que inmediatamente sólo nos preocupa el dinero.
También todo esto puede ocurrir en una sociedad de bienestar establecida: cuando la sociedad abruptamente cae, las personas empiezan a pedir a un nuevo líder que tome las riendas y haga las cosas bien. Cuando las bombas empiezan a caer, buscan seguridad; cuando la comida no llega a las tiendas, sus necesidades se tornan incluso más básicas.
Maslow sugiere que podríamos preguntarles a las personas sobre su “filosofía de futuro” ­cuál sería su ideal de vida o del mundo- y así conseguir suficiente información sobre cuáles de sus necesidades están cubiertas y cuáles no.
Si tienes problemas significativos a lo largo de tu desarrollo (por ejemplo, periodos más o menos largos de inseguridad o rabia en la infancia, o la pérdida de un miembro familiar por muerte o divorcio, o rechazo significativo y abuso) entonces podrías “fijar” este grupo de necesidades para el resto de tu vida.
Screen Shot 2013-11-22 at 9.20.38 AMEsta es la comprensión de Maslow sobre la neurosis. Quizás de pequeño pasaste por calamidades. Ahora tienes todo lo que tu corazón necesita; pero te sientes como necesitado obsesivamente por tener dinero y ahorrar constantemente. O quizás tus padres se divorciaron cuando aún eras muy pequeño; ahora tienes una esposa maravillosa, pero constantemente te sientes celoso o crees que te va abandonar a la primera oportunidad porque no eres lo suficientemente “bueno” para ella.
Auto-actualización
El último nivel es un poco diferente. Maslow ha utilizado una gran variedad de términos para referirse al mismo: motivación de crecimiento (opuesto al déficit motivacional), necesidades de ser (o B-needs, opuesto al D-needs), y auto-actualización.
Estas constituyen necesidades que no comprenden balance u homeostasis. Una vez logradas, continúan haciéndonos sentir su presencia. De hecho, ¡tienden a ser aún más insaciables a medida que les alimentamos! Comprenden aquellos continuos deseos de llenar potenciales, a “ser todo lo que pueda ser”. Es una cuestión de ser el más completo; de estar “auto-actualizado”.
Bien; llegados a este punto, si quieres llegar a una verdadera auto-actualización, debes tener llenas tus necesidades primarias, por lo menos hasta un cierto punto. Desde luego, esto tiene sentido: si estás hambriento, vas hasta a arrastrarte para conseguir comida; si estás seriamente inseguro, tendrás que estar continuamente en guardia; si estás aislado y desamparado, necesitas llenar esa falta; si tienes un sentimiento de baja autoestima, deberás defenderte de ese estado o compensarlo. Cuando las necesidades básicas no están satisfechas, no puedes dedicarte a llenar tus potenciales.
No es sorprendente, por tanto, que siendo nuestro mundo tan difícil como es, solo existan un puñado de personas que sean verdadera y predominantemente auto-actualizadas. En algún momento, Maslow sugirió que tan solo ¡un 2%!
La pregunta surge entonces: ¿qué es lo que Maslow quiere decir exactamente con auto-actualización? Para responder, tendremos que analizar a aquellas personas que Maslow considera auto-actualizadas. Afortunadamente, Maslow lo hizo por nosotros.
Empezó escogiendo a un grupo de personas, algunas figuras históricas, a otras que conocía; que a él le parecía que cumplían con los criterios de ser auto-actualizadas. Se incluyeron en este angosto grupo personajes como Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Eleanor Roosevelt, William James, Benedict Spinoza, y otros. Luego se centró en sus biografías, escritos, actos y palabras de aquellos a los que conoció personalmente y así sucesivamente. De estas fuentes, desarrolló entonces una lista de cualidades similares a todo el grupo, opuesta a la gran masa compuesta por el resto de los mortales como nosotros.
Estas personas eran centradas en la realidad, lo que significa que pueden diferenciar lo que es falso o ficticio de lo que es real y genuino. También eran personas centradas en el problema, o lo que es lo mismo, personas que enfrentan los problemas de la realidad en virtud de sus soluciones, no como problemas personales insolucionables o ante los que se someten. Y además tenían unapercepción diferente de los significados y los fines. Creían que los fines no necesariamente justifican los medios; que los medios pueden ser fines en sí mismos y que los medios (el viaje) eran con frecuencia más importante que los fines.
Los auto-actualizadores poseían también una manera peculiar de relacionarse con los demás. En primer lugar, tenían una necesidad de privacidad, y se sentían cómodos estando solos. Eran relativamente independientes de la cultura y el entorno, apoyándose más en sus propias experiencias y juicios. Así mismo, eran resistentes a la enculturación, esto es, que no eran susceptibles a la presión social; eran de hecho, inconformistas en el mejor sentido.
Además, poseían lo que Maslow llamaba valores democráticos, o sea, que eran abiertos a la variedad étnica e individual, e incluso la defendían. Tenían la cualidad llamada en alemánGemeinschaftsgefühl (interés social, compasión, humanidad). Y disfrutaban de las relaciones personales íntimas con pocos amigos cercanos y miembros familiares, más que un montón de relaciones superficiales con mucha gente.
Tenían un sentido del humor no hostil, prefiriendo las bromas a costa de sí mismos o de la condición humana, pero nunca dirigida a otros. Poseían además una cualidad llamada aceptación de sí mismo y de los demás, lo cual implica que preferían aceptara las personas como eran, más que querer cambiarlas. La misma actitud la tenían consigo mismos: si tenían alguna cualidad que no fuese dañina, la dejaban estar, incluso aunque fuese una rareza personal. En consonancia con esto surge la espontaneidad y simplicidad: ellos preferían ser ellos mismos antes que pretenciosos o artificiales. De hecho, ante sus inconformidades, tendían a ser convencionales en la superficie, precisamente lo contrario a los inconformistas menos auto-actualizados que tienden a ser más dramáticos.
Así mismo, estas personas tenían una cierta frescura en la apreciación; una habilidad para ver cosas, incluso ordinarias, como preciosas. Por consiguiente eran creativos, inventivos y originales. Y, finalmente, tenían una tendencia a vivir con mayor intensidad las experiencias que el resto de las personas. Una experiencia pico, como le llama el autor, es aquella que te hace sentir como fuera de ti; como perteneciente a un Universo; como pequeño o grande en virtud de tu pertenencia a la naturaleza. Estas experiencias tienden a dejar una huella sobre las personas que las viven, cambiándoles a mejor; muchas gentes buscan estas experiencias de forma activa. También son llamadas experiencias místicas y constituyen parte importante de muchas religiones y tradiciones filosóficas.
No obstante, Maslow no cree que los auto-actualizados sean personas perfectas. También descubrió una serie de imperfecciones a lo largo de su análisis: en primer lugar, con bastante frecuencia sentían ansiedad y culpa; pero una ansiedad y culpa realistas, no neuróticas o fuera de contexto. Algunos de ellos eran “idos” (ausentes mentalmente). Y por último, algunos otros sufrían de momentos de pérdida de humor, frialdad y rudeza.
Metanecesidades y metapatologías
Otra forma en que Maslow aborda la problemática sobre lo que es auto-actualización, es hablar de las necesidades impulsivas (por supuesto, las B-needs) de los auto-actualizadores. Necesitaban lo siguiente para ser felices:
Verdad, en vez de la deshonestidad.
Bondad, mejor que maldad.
Belleza, no vulgaridad o fealdad.
Unidad, integridad y trascendencia de los opuestos, en vez de arbitrariedad o elecciones forzadas.
Vitalidad, no pobredumbre o mecanización de la vida.
Singularidad, no uniformidad blanda.
Perfección y necesidad, no inconsistencia o accidentalidad.
Realización, en vez de ser incompleto.
Justicia y orden, no injusticia y falta de ley.
Simplicidad, no complejidad innecesaria.
Riqueza, no empobrecimiento ambiental.
Fortaleza, en vez de constricción.
Juguetonería, no aburrimiento, ni falta de humor.
Autosuficiencia, no dependencia.
Búsqueda de lo significativo, no sensiblería.
De primera vista, se podría pensar que obviamente todos necesitamos esto. Pero, detengámonos un momento: si estás atravesando un periodo de guerra o depresión, estás viviendo en un gueto o en un entorno rural muy pobre, ¿te preocuparías por estas cuestiones o estarías más ocupado en cómo conseguir comida y techo? De hecho, Maslow cree que mucho de lo malo que hay en el mundo actualmente viene dado porque no nos ocupamos demasiado en estos valores, no porque seamos malas personas, sino porque ni siquiera tenemos nuestras necesidades básicas cubiertas.
Cuando un auto-actualizador no llena estas necesidades, responde con metapatologías, una lista de problemas tan largo como la lista de necesidades. Para resumirlas diríamos que cuando un auto-actualizador es forzado a vivir sin estas necesidades, desarrollará depresión, invalidez emocional, disgusto, alineación y un cierto grado de cinismo.
Hacia el final de su vida, el autor dio el impulso a lo que se llamó la cuarta fuerza en psicología. Los freudianos y otros psicólogos “profundos” constituían la primera fuerza; los conductistas, la segunda; su propio humanismo, incluyendo a los existencialistas europeos, eran la tercera fuerza. La cuarta fuerza fue la psicología transpersonal, la cual, partiendo de los filósofos orientales, investigaron cuestiones como la meditación, niveles altos de conciencia e incluso fenómenos paranormales. Probablemente, el transpersonalista más conocido hoy en día sea Ken Wilber, autor de libros como The Atman Project The History of Everything.

Discusión
Maslow ha sido una figura muy inspiradora dentro de las teorías de personalidad. En la década de los 60 en especial, las personas estaban cansadas de los mensajes reduccionistas y mecanicistas de los conductistas y psicólogos fisiológicos. Buscaban un sentido y un propósito en sus vidas, incluso un sentido mucho más místico y trascendental. Maslow fue uno de los pioneros en ese movimiento de traer nuevamente al ser humano a la psicología y a la persona a la personalidad.
Casi al mismo tiempo, otro movimiento se estaba gestando; uno de esos que dejaría a Maslow fuera de combate: los ordenadores y el procesamiento de la información, así como las teorías racionalistas tales como la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget y la lingüística de Noam Chomsky. Todo esto se convertiría en lo que hoy llamamos el movimiento cognitivo en psicología. Justo cuando el humanismo se iba ocupando de los problemas de drogas, astrología y auto-indulgencia, el cognocivismo proveyó a los estudiantes de psicología aquello que andaban buscando: las bases científicas.
Pero no debemos perder el mensaje: la psicología es, en primer y más importante lugar, lo humano; lo que atañe a las personas, a personas reales en vidas reales y no tiene nada que ver con modelos informáticos, análisis estadísticos, comportamientos en ratas, puntuaciones de tests y laboratorios.
Algunas críticas
Quitando lo anterior, hay pocas críticas que se le puedan hacer a la teoría misma de Maslow. La crítica más común concierne a su metodología: el escoger a un número reducido de personas que él mismo consideraba auto-actualizadores, luego leer sobre ellos o hablar con ellos y llegar a conclusiones acerca de lo que es la auto-actualización en primer lugar, no suena a buena ciencia a mucha gente.
En su defensa, podríamos puntualizar que él entendía esto y consideraba su trabajo simplemente como un punto de partida. Esperaba que otros partieran de este punto y siguiesen desarrollando la idea de una manera más rigurosa. Es curioso que Maslow, el que se ha llamado el padre del humanismo americano, haya empezado su carrera como conductista con una gran convicción fisiológica. De hecho, él creía en la ciencia y con frecuencia basaba sus ideas en la biología. Simplemente, quiso ampliar la psicología al querer incluir lo mejor de nosotros, así como lo patológico.
Otra crítica, más difícil de contraatacar, es que Maslow pusiera tanta limitación en la auto-actualización. En primer lugar, Kurt Goldstein y Carl Rogers utilizaron una frase para referirse a lo que todo ser viviente hace: tratar de crecer, a ser más, a satisfacer su destino biológico. Maslow lo redujo a solo el dos por ciento de lo que la especie humana logra. Y mientras que Rogers defendía que los bebés son el mejor ejemplo de auto-actualización humana, Maslow lo consideraba como algo que solo se alcanza raramente y en los jóvenes.
Otra cuestión es que él se ocupa de cuánto nos preocupamos por nuestras necesidades básicas antes de que la auto-actualización entre en escena. Y sin embargo, podemos encontrar muchos ejemplos de personas que exhiben aspectos propios de la auto-actualización han estado lejos de haber tenido sus necesidades básicas llenas. Muchos de nuestros mejores artistas y autores, por ejemplo, sufrieron de pobreza, mala crianza, neurosis y depresión. ¡Incluso a alguno podríamos llamarle psicótico! Si pensamos en Galileo, que defendía ideas de las que se retraería, o en Rembrandt, que apenas podía dejar comida en una mesa, o Toulouse Lautrec, cuyo cuerpo le atormentaba o van Gogh quien, además de pobre, no estaba muy bien de la cabeza, sabrán muy bien a qué nos referimos. ¿no pertenecían estas personas a algún tipo de auto-actualización? La idea de que los artistas y poetas y filósofos (¡y psicólogos!) son raros es tan común porque ¡hay mucho de verdad en ello!
También tenemos el ejemplo de personas que fueron creativos de alguna forma mientras se encontraban en campos de concentración. Por ejemplo, Trachtenberg desarrolló una nueva forma de hacer aritmética en un de estos campos. Víctor Frankl desarrolló su aproximación terapéutica también en un campo. Y hay muchos más ejemplos.
Y también hay otros ejemplos de personas que fueron creativos mientras eran desconocidos y al alcanzar el éxito dejaron de serlo. Si no nos equivocamos, Ernest Hemingway es un ejemplo. Quizás todos estos ejemplos sean excepciones y la jerarquía de necesidades se mantiene como fundamental en la generalidad. Pero desde luego, las excepciones nos dan que pensar.
Nos gustaría sugerir una variación a la teoría de Maslow que podría ser de ayuda. Si consideramos la actualización como Goldstein y Rogers la usan, es decir, como una “fuerza vital” que guía a todas las criaturas, podemos ser capaces también de ver que hay varias cosas que interfieren con la consecución completa de esa fuerza de vida. Si somos deprivados de nuestras necesidades físicas básicas, si estamos viviendo bajo circunstancias amenazantes, si estamos aislados de los demás, o si no tenemos confianza en nuestras habilidades, podremos seguir sobreviviendo, pero no viviendo. No estaremos actualizando completamente nuestros potenciales, e incluso no seremos muy capaces de entender que existen personas que actualizan a pesar de la deprivación. Si consideramos las necesidades de déficit separados de la actualización y si hablamos de una auto-actualización completa en vez de auto-actualización como una categoría separada de necesidades, la teoría de Maslow se entrelaza con otras teorías, y aquellas personas excepcionales que logran el éxito en medio de la adversidad pueden entonces considerarse como héroes en vez de rarezas.

Bibliografía
Los libros de Maslow son fáciles de leer y están llenos de ideas interesantes. Los más conocidos son Toward a Psychology of Being (1968), Motivation and Personality (first edition, 1954, and second edition, 1970), and The Further Reaches of Human Nature (1971) Finalmente, hay muchos artículos escritos por Maslow, especialmente en el Journal of Humanistic Psychology, de la que fué co-fundador. Para una información amplia en castellano, utilice un buscador web y teclee “Maslow”. Recomendamos una página de economía aplicada que aparece en uno de los enlaces.(n.t.)

Dilemas y polémicas de la psiquiatría tradicional

Extraído del libro: “Psicología Transpersonal”, Dr. Stanislav Grof, Ed. Kairos, Barcelona


El modelo médico en psiquiatría: los pros y los contras


Como resultado de su complejo desarrollo histórico, la psi­quiatría quedó incluida como una rama de la medicina. Tanto la línea básica del pensamiento conceptual psiquiátrico, como la ac­titud frente a individuos con trastornos emocionales y problemas de comportamiento, las pautas de investigación, la formación y educación básicas, así como las medidas forenses, todo está do­minado por el modelo médico. Tal situación es consecuencia de dos importantes grupos de circunstancias: los triunfos logrados por la medicina al establecer la etiología y la terapia eficaces para un grupo relativamente pequeño de anomalías mentales específi­cas y el haber demostrado su capacidad para controlar, desde el punto de vista sintomático, muchos de los trastornos para los que aún no se ha hallado una etiología específica.

La visión cartesiano-newtoniana del mundo, que tanta impor­tancia tuvo en la evolución de varias especialidades, ha jugado un papel crucial en el desarrollo de la neuropsiquiatría y la psicolo­gía. El reconocimiento del interés científico hacia los trastornos mentales culminó en el siglo pasado en una serie de descubri­mientos revolucionarios, que definieron con firmeza la psiquia­tría como disciplina médica. Los rápidos avances y los importan­tes hallazgos en anatomía, patología, fisiopatología, química y bacteriología dieron como resultado la tendencia a basar en cau­sas orgánicas todas las perturbaciones mentales, ya sea en infec­ciones, en desórdenes metabólicos o en procesos degenerativos del cerebro.

El establecimiento de esta «orientación orgánica» fue estimu­lado por el descubrimiento de la etiología de varias anomalías mentales, lo que condujo al desarrollo de métodos terapéuticos eficaces. Así, el hecho de establecerse que la paresia general (un estado asociado, entre otros síntomas, con delirios de grandeza y trastornos del intelecto y de la memoria) es debida a la sífilis terciaria del cerebro, causada por el protozoo Spirochaeta pallida, proporcionó el establecimiento de una terapia eficaz basada en el uso de productos químicos y la fiebre. De la misma manera, una vez que quedó claro que el trastorno mental que acompaña a la pelagra es debido a una insuficiencia de vitamina B (falta de ácido nicotínico o de su amida), se pudo solucionar el problema suplien­do la deficiencia vitamínica. Se descubrió que otras clases de irre­gularidades funcionales de la mente estaban relacionadas con la existencia de tumores cerebrales, cambios degenerativos del cere­bro, encefalitis o meningitis, varias formas de desnutrición y ane­mia perniciosa.

La medicina ha logrado el control sintomático de muchos tras­tornos emocionales y de comportamiento, cuyas etiologías no han podido ser establecidas. Aquí hay que mencionar el uso dramáti­co de shocks con pentametilenotetrazol (Cardiazol), de terapia basada en electroshocks, tratamientos con shocks de insulina y la cirugía psíquica. La psicofarmacología moderna ha resultado alta­mente eficaz en este aspecto, con su arsenal de drogas de acción específica: hipnóticos, sedantes, miorrelajantes, analgésicos, psi­coestimulantes, tranquilizantes, antidepresivos y sales de litio.

Estos aparentes triunfos de la investigación y la terapéutica médicas sirvieron para definir la psiquiatría como una rama espe­cializada de la medicina y la comprometieron con el modelo médi­co. La experiencia nos enseña que fue una conclusión prematura: condujo a una evolución no exenta de problemas. Los éxitos en el desenmarañamiento de las causas de los desórdenes mentales fue­ron en realidad casos aislados, aunque sorprendentes, y limitados a un sector pequeño de los problemas con los que trata la psiquia­tría. A pesar de los logros iniciales, el enfoque médico aplicado a la psiquiatría no ha podido encontrar la etiología orgánica especí­fica adecuada para los problemas que afligen a la inmensa mayo­ría de sus clientes: depresiones, psiconeurosis y trastornos psico­somáticos. Además, ha tenido un éxito muy limitado y dudoso en el proceso de desenmarañar las causas latentes en las llamadas psicosis endógenas, particularmente la esquizofrenia y la psicosis maniacodepresiva. Esta incapacidad del enfoque médico, unida a un estudio sistemático de los trastornos emocionales, dio lugar a un movimiento alternativo: el enfoque psicológico de la psiquia­tría, que condujo a la aparición de escuelas dinámicas de psicote­rapia.

En general, la investigación psicológica proporcionó métodos explicativos mejores que el enfoque médico para la mayoría de los trastornos mentales; desarrolló métodos alternativos importantes al tratamiento biológico, acercando considerablemente la psiquia­tría a las ciencias sociales y a la filosofía. Sin embargo, esto no modificó la posición de la psiquiatría como disciplina médica. De algún modo, la posición de la medicina se convirtió en autoperpe­tuante, porque muchas de las drogas usadas para el alivio de sín­tomas, descubiertas por la investigación médica, tienen efectos secundarios definidos y se precisa que un médico las recete y las administre. La unión simbiótica de la medicina y la rica industria farmacéutica completó finalmente el círculo vicioso. La hegemo­nía del modelo médico fue además reforzada por la naturaleza y la estructura de los estudios psiquiátricos y los aspectos legales de la política de salud mental.

La mayoría de los psiquiatras son médicos especializados en psiquiatría y con una preparación muy inadecuada en psicología. En la mayoría de los casos, los individuos que sufren trastornos mentales son atendidos en centros médicos, con un psiquiatra como responsable de los procedimientos terapéuticos. En tal si­tuación, el psicólogo clínico cumple frecuentemente una función auxiliar, de subordinación al psiquiatra, similar a la del bioquími­co y el técnico de laboratorio. Son funciones tradicionales de los psicólogos clínicos la evaluación de la inteligencia, la personali­dad y la organicidad; ayuda en diagnósticos diferenciales, evalua­ción del tratamiento y guía vocacional. Estas tareas representan muchas de las actividades de aquellos psicólogos no implicados en la investigación o psicoterapia. El problema de hasta qué punto los psicólogos pueden y están cualificados para dirigir la terapia con pacientes psiquiátricos ha sido un tema muy polémico.

La hegemonía del modelo médico en la psiquiatría ha dado como resultado un trasvase maquinal de los conceptos y métodos de utilidad demostrada en el campo de los desórdenes emociona­les. La aplicación del modelo médico a la mayoría de los proble­mas psiquiátricos y al tratamiento de los trastornos emocionales, en particular varias formas de neurosis, ha sido ampliamente criti­cado en los últimos años. Hay pruebas contundentes de que esta estrategia ha creado, como mínimo, tantos problemas como ha re­suelto.

Aquellos trastornos para los cuales no se ha encontrado etiolo­gía específica son clasificados en un sentido amplio como «enfer­medades mentales».1 Los afectados por dichos trastornos son so­cialmente estigmatizados y calificados rutinariamente como «pa­cientes». Se les atiende en centros médicos, en los que los gastos de hospitalización ascienden a varios cientos de dólares. Gran parte de este coste, directamente relacionado con el modelo mé­dico, como el precio de exámenes y servicios, de valor cuestiona­ble en el tratamiento eficaz del trastorno en cuestión, encarece in­necesariamente el proceso. Gran cantidad del dinero dedicado a investigación sirve para mejorar la propia investigación médica, que llegará al descubrimiento, finalmente, de la etiología de las «enfermedades mentales» y, de esta manera, confirmará la natu­raleza médica de la psiquiatría.

Ha habido una insatisfacción creciente con la aplicación del modelo médico a la psiquiatría. Thomas Szasz es, probablemente, el representante mejor conocido y más elocuente de este movi­miento. En una serie de libros, entre los que se incluye su “Myth of Mentall Illness” (1961), demuestra que la mayoría de los casos de las llamadas enfermedades mentales tendrían que considerarse como expresiones y reflejos de la lucha del individuo por la vida. Más que enfermedades en el sentido médico, son ejemplos de problemas sociales, éticos y legales. La relación médico-paciente definida por el modelo médico refuerza también el papel pasivo y dependiente del cliente. Implica que la solución del problema de­pende capitalmente de los recursos de la persona en el papel de autoridad científica, más que de los medios personales del cliente.

Las consecuencias de aplicar el modelo médico a la teoría y la práctica de la psiquiatría son de gran alcance. Como resultado de la aplicación indiscriminada del pensamiento médico, todos los trastornos con los que un psiquiatra trata son considerados como enfermedades para las que, tarde o temprano, se encontrará una etiología en la forma de alguna irregularidad anatómica, biológica o bioquímica. El hecho de que tales causas no hayan sido descu­biertas aún no se considera razón para excluir el problema de la esfera del modelo médico. Al contrario, representa un estímulo para una investigación conforme al modelo médico aún más deci­dida y perfeccionada. De este modo, las expectativas de los psi­quiatras defensores del punto de vista orgánico se vieron reaviva­das por los éxitos de la biología molecular.

Otra consecuencia importante de la aplicación del modelo mé­dico es un gran énfasis en el establecimiento del diagnóstico co­rrecto para cada individuo y la creación de un método de clasifica­ción o de un sistema diagnóstico correctos. Este enfoque es de suma importancia en medicina, ya que un diagnóstico correcto presupone una etiología específica y tiene consecuencias claras, inconfundibles y reconocidas en la terapia y en el pronóstico. Es esencial diagnosticar correctamente la variedad de una enferme­dad contagiosa, ya que cada una necesita un procedimiento pro­pío, porque los agentes infecciosos involucrados responden de manera diferente a antibióticos específicos. Del mismo modo, el tipo de tumor determina la naturaleza de la intervención terapéu­tica, el pronóstico aproximado, o el peligro de metástasis. Es de gran importancia diagnosticar adecuadamente el tipo de anemia, porque una clase responderá a medicación a base de hierro, otra requiere tratamiento a base de cobalto, etc.

Se han malgastado grandes cantidades de esfuerzo tratando de mejorar y estandarizar los diagnósticos psiquiátricos, debido a que tal concepto de diagnóstico, que es apropiado en medicina, no es aplicable a la mayoría de los trastornos psiquiátricos. La fal­ta de acuerdo se hace patente si se comparan los sistemas de clasi­ficación psiquiátrica usados en diferentes países, por ejemplo en Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. Usado indiscrimina­damente, el concepto médico de diagnóstico adolece de falta de fiabilidad, validez y es de una eficacia y de una utilidad discuti­bles. Todo diagnóstico está condicionado por la escuela a la que pertenece el psiquiatra, por sus preferencias personales, por la cantidad de información existente para la evaluación y también por muchos otros factores.

Algunos psiquiatras llegan a un diagnóstico basándose sola­mente en la sintomatología del caso, otros en especulaciones psicodinámicas y unos terceros en una combinación de ambos mé­todos. La evaluación subjetiva que el psiquiatra hace de la impor­tancia psicológica de un trastorno físico presente (como proble­mas de la tiroides, enfermedades víricas o diabetes), o de ciertos acontecimientos biográficos de la vida pasada o presente del pa­ciente, puede influir trascendentalmente en el diagnóstico. Hay también un gran desacuerdo en el significado que se da a ciertos términos diagnósticos; existen, por ejemplo, grandes diferencias entre las escuelas americana y europea sobre el diagnóstico de la esquizofrenia.

Otro factor que puede influir en el diagnóstico psiquiátrico es la naturaleza de la interacción entre el psiquiatra y el paciente. Mientras que el diagnóstico de una apendicitis o de un tumor pi­tuitario no resultará apenas afectado por la personalidad del mé­dico, un diagnóstico psiquiátrico podría resultar afectado por el comportamiento del paciente hacia el psiquiatra que establece el diagnóstico. Asimismo, la dinámica específica, o incluso la inepti­tud interpersonal de un psiquiatra pueden resultar factores importantes. Es un hecho clínico bien conocido que la experiencia y el comportamiento de un paciente cambian durante la interacción con diferentes personas y que pueden también ser influidos signi­ficativamente por circunstancias y factores situacionales. Algunos aspectos de la rutina psiquiátrica actual tienden a reafirmar o in­cluso provocar varios desajustes de comportamiento.

Debido a la falta de criterios objetivos, que tan importantes son para el enfoque médico hacia las enfermedades físicas, hay una tendencia entre los psiquiatras a aceptar la opinión y la expe­riencia clínicas como procesos autojustificantes. Además, los sis­temas de clasificación y los intereses son a menudo ejemplos de sociología médica, que reflejan las presiones que los médicos han de soportar en el ejercicio de la labor que se les ha impuesto. Una clasificación de diagnóstico psiquiátrico es lo suficientemente fle­xible como para variar según el fin para que se la destine, ya sea para fines laborales, compañías aseguradoras o con propósitos fo­renses. Incluso, sin tener en cuenta cuestiones tan concretas, dife­rentes psiquiatras o equipos psiquiátricos discreparán frente al diagnóstico de un paciente en concreto.

Se puede observar una considerable falta de claridad, incluso con referencia a cuestiones aparentemente tan importantes como el diagnóstico diferencial entre neurosis y psicosis. Este asunto es tratado generalmente con gran seriedad, aunque no está ni siguie­ra claramente establecido quee haya una sola dimensión psicopato­lógica. Si la psicosis y la neurosis son ortogonales e independien­tes, entonces un paciente puede sufrir ambos trastornos. Si están en la misma línea y la diferencia entrambos es sólo cuantitativa, entonces un individuo psicótico tendría que haber pasado por una etapa neurótica en el curso hacia la psicosis y tendría que retornar a ella durante la recuperación.

Aun en el caso de que el diagnóstico psiquiátrico pudiera lle­gar a ser fiable y válido al mismo tiempo, existiría duda sobre su pertinencia práctica y su utilidad. Resulta bastante claro que, aparte de unas pocas excepciones, la búsqueda de un diagnóstico correcto es en último término inútil, porque no tiene una perti­nencia reconocida para la etiología, la terapia y el pronóstico. El establecimiento del diagnóstico representa para el psiquiatra un gran consumo de tiempo y energía, y aún más para el psicólogo, quien a veces ha de dedicar horas a hacer comprobaciones para poder tomar una decisión final.

En el fondo, la elección terapéutica representa más la orienta­ción del psiquiatra que un diagnóstico clínico. Los psiquíatras de­fensores del punto de vista orgánico usarán de manera rutinaria un tratamiento biológico con los neuróticos y los psiquiatras que abogan por un punto de vista psicológico tenderán a utilizar la psicoterapia, incluso con pacientes psicóticos. Durante la labor psicoterapéutica, el terapeuta estará más bien respondiendo a si­tuaciones durante las sesiones, que siguiendo un plan terapéutico preconcebido y determinado por el diagnóstico. De la misma ma­nera, no se ve en los tratamientos farmacológicos específicos una relación reconocida mayoritariamente entre el diagnóstico y la elección del psicofármaco. Frecuentemente la elección viene de­terminada por las preferencias subjetivas del terapeuta, la reac­ción clínica del paciente, la aparición de efectos secundarios y otras circunstancias similares.

Otro legado importante del modelo médico es la lectura que se da a la función de los síntomas psicopatológicos. En medici­na hay, normalmente, una relación lineal entre la intensidad de los síntomas y la gravedad de la enfermedad. La mitigación de los síntomas es vista, por tanto, como un signo de mejoría de las condiciones subyacentes. La terapia en la medicina física es, siempre que sea posible, causal y la terapia sintomática se usa solamente en enfermedades incurables o además de la terapia causal.

Aplicar este principio a la psiquiatría causa una considerable confusión. Aunque normalmente se considera el alivio de los sín­tomas como una señal de mejoría, la psiquiatría dinámica ha esta­blecido una distinción entre el tratamiento causal y el sintomáti­co. Bajo este punto de vista el tratamiento sintomático no solu­ciona el problema supyacente, antes bien lo encubre. Se ha ob­servado en el psicoanálisis que la intensificación de los síntomas es frecuentemente un indicio de una incidencia importante en el pro­blema subyacente. Los nuevos enfoques experienciales conside­ran la intensificación de los síntomas como una poderosa arma terapéutica y utilizan técnicas potentes para activarlos. Las obser­vaciones provenientes de este tipo de investigación sugieren con firmeza, que los síntomas representan un esfuerzo incompleto del organismo para librarse de un problema antiguo y que tal esfuerzo debería ser fomentado y apoyado.’

Desde este punto de vista, gran parte del tratamiento sintomá­tico realizado en psiquiatría es antiterapéutico, ya que interfiere con el proceso espontáneo de curación del organismo. Tendría que ser considerado, no como un método a elegir, sino como una solución de compromiso cuando el paciente rechaza una alternativa más apropiada, o si tal alternativa no es posible por razones económicas o de cualquier otra índole.

En conclusión, la hegemonía del modelo médico en la psiquia­tría debería considerarse como una situación creada por circuns­tancias históricas concretas y mantenida en la actualidad por una combinación poderosa de factores filosóficos, políticos, económi­cos, administrativos y legales. Más que un reflejo del conocimien­to científico sobre la naturaleza de los trastornos emocionales y su tratamiento óptimo, representa una dudosa panacea.

En el futuro, aquellos pacientes con trastornos psiquiátricos con una causa orgánica clara podrán ser tratados en unidades mé­dicas especialmente equipadas para manejar problemas de com­portamiento. Aquellos otros a los que no puedan detectárseles problemas médicos utilizando repetidos reconocimientos físicos tendrían que poder contar con facilidades especiales que pusieran de relieve los aspectos psicológicos, sociológicos, filosóficos y es­pirituales, más que los propiamente médicos. Terapeutas huma­nísticos y transpersonales han desarrollado ya importantes y efica­ces técnicas de curación y de transformación de la personalidad, que tienen en cuenta tanto los aspectos psicológicos como los físi­cos de los seres humanos.

Desarrollo Personal y Psicología Transpersonal

El nacimiento de una nueva visión de la naturaleza humana


PARTE 1

El “movimiento del potencial humano”, cuna de lo que hoy conocemos como “desarrollo personal”, ha constituido uno de los terrenos más fértiles para el florecimiento de ideas renovadoras de las últimas décadas. Arraigándose simultáneamente en este movimiento americano, en autores europeos y en tradiciones de sabiduría más antiguas, la psicología transpersonal constituye la última corriente renovadora de este fecundo campo de conocimiento.

Habiendo sido fundada a fines de los años 60, contando con antecedentes aún más antiguos y formando parte de los programas de grado, de post-grado y de los proyectos de investigación de las más importantes universidades del mundo, la psicología transpersonal sigue siendo todavía, para muchos psicólogos, objeto de desconocimiento o, en el peor de los casos, de prejuiciosos rechazos.

Por esta razón, puede resultar útil acceder a su estudio mediante  un enfoque histórico, que nos permita conocer su origen y significado dentro de la evolución de la psicología académica.

Abraham Maslow acostumbraba describir la historia de la psicología como desplegándose a lo largo de cuatro grandes fuerzas o movimientos de pensamiento. Cada uno de éstos aportó elementos fundantes de la psicología contemporánea y todo modelo psicológico actual debe honrar estas raíces si pretende enriquecer el saber de nuestra ciencia.

Estos cuatro grandes movimientos estuvieron marcados por la aparición, en orden cronológico, de la Psicología Experimental, la Psicología Clínica, la Psicología Humanística y la Psicología Transpersonal, estando integrados, cada uno de estos movimientos, por numerosas escuelas de Psicología y/o Psicoterapia.


La Psicología Experimental

La mayoría de los historiadores de la Psicología coinciden en señalar la fundación del primer laboratorio de Psicología Experimental por parte de Wilhelm Wundt, en Leipzig, como el nacimiento de la Psicología Científica. Otros autores, incluyendo al mismo Wundt, consideran que el verdadero fundador de la Psicología Moderna es Gustav Fechner, el creador de la primera ley psicológica. Ambos sentaron las bases para el nacimiento de una Psicología basada en datos empíricos y mensurables. Difícilmente pueda valorarse lo suficiente  el aporte de ambos, sobre todo si recordamos que poco tiempo antes, nada menos que Kant había afirmado que la Psicología jamás se convertiría en una ciencia empírica, puesto que su objeto de estudio nunca podría ser cuantificado. Entre las escuelas que conformaron este primer movimiento se destacan la Reflexología de Pavlov en Rusia, el Conductismo de Watson y el Neoconductismo de Skiner en Estados Unidos.




La Psicología Clínica

Un paso gigantesco en este proceso histórico estuvo dado por el esfuerzo de introducir a la Psicología en el ámbito de las ciencias de la salud. Es aquí la figura de Sigmund Freud, sin duda alguna, la que se erige como señera de esta evolución. No creo exagerar si sostengo que la psicoterapia, tal como hoy la concebimos, sería inimaginable sin su aporte pionero.

Así como la Psicología experimental permitió a la Psicología desprenderse de la Filosofía y ser reconocida como ciencia autónoma, es el Psicoanálisis el que le permitió liberarse del empirismo estrecho y abrazar el estudio de los estados interiores, convirtiéndose así en una auténtica hermenéutica, aunque quedando, en muchos aspectos, atada a la Medicina (no olvidemos que Freud era neurólogo). Dentro de este movimiento se destaca obviamente la escuela psicoanalítica, con sus variantes freudiana, kleiniana y lacaniana, por nombrar sólo las más tradicionales.



La Psicología Humanística


La estrecha ligazón del Psicoanálisis con el llamado modelo médico hegemónico, así como sus rasgos biologistas y deterministas, comenzó a generar  un cierto descontento en diversos autores europeos y americanos, que percibían al pensamiento freudiano como excesivamente patologista, etnocéntrico y patriarcal. Empezó a percibirse entonces la necesidad de una Psicología que no pretendiera exclusivamente asistir a la persona relativamente sana (o neurótica moderada) en función del estudio de la persona enferma (neurótica grave y psicótica) sino, respetando esta vertiente, incluir también el estudio de la persona sana e incluso de las personas sobresalientes, para, desde allí, ayudar a la persona enferma. Este nuevo movimiento hunde sus raíces más profundas en el mismo Psicoanálisis (en autores que fieles a la esencia del espíritu freudiano, van más allá de sus propias estructuras: Rank y sus trabajos pioneros sobre el psiquismo temprano, Reich integrando la corporalidad en la psicoterapia, Jung incorporando la dimensión trascendente, y From, Horney con su planteo culturalista) en el Existencialismo (BinswangerMay) y en el aporte de las autoras feministas y su crítica al “falocentrismo” freudiano.

Comienza a gestarse así el nacimiento del llamado Movimiento del Potencial Humano, siendo la fundación del Esalen Institute de California el hito más importante en su nacimiento. Aún hoy, caminando por los jardines de Esalen o asistiendo a sus cursos, sentimos la presencia viva de aquellos pioneros que nos legaron esta enorme revolución cultural: figuras como las de Maslow, Rogers, Alan Watts, Murphy, Schutz, Bateson, Lowen y Perls, entre otros, generaron este movimiento al sostener que no sólo es insuficiente asistir al paciente ya enfermo, sino que también lo es el mero prevenir la enfermedad, puesto que no hay mejor sistema de salud que una vida plena, creativa y caracterizada por el despliegue de las propias potencialidades. La nueva propuesta consiste entonces en dejar de pensar en términos de enfermedad, ya sea presente o futura, para pasar a concebir la vida en términos de una liberación ilimitada de potenciales bio-psico-sociales.

Dentro de este profuso movimiento se destacan diversas escuelas y autores, tales como la Psicología Humanística propiamente dicha de Maslow; el Existencialismo; la Terapia Gestalt de Perls; la Enfoque Personalista de Rogers; algunos autores sistémicos como el mismo Bateson (que vivió en Esalen hasta sus últimos días); el Análisis Transaccional de Berne y las Terapias Corporales como la Bioenergética de Lowen y sus derivadas, por nombrar sólo unos pocos.



PARTE 2


La Psicología Transpersonal

A finales de los sesenta, ocurre un hecho inédito en este proceso histórico y es que los mismos autores que generaron el nacimiento de la Psicología Humanística, comienzan a percibir, en la observación de los individuos y los grupos, que el desarrollo personal suele llegar a un límite, a un techo o quizás sería mejor decir a un abismo, frente al cual no tiene respuestas. Una vez que el individuo  ha alcanzado un nivel elevado de desarrollo y crecimiento personal, necesariamente comienzan a aparecer preguntas, dudas y cuestionamientos existenciales que llevan la mirada hacia la trascendencia, hacia los temas últimos. Comienza allí la Psicología a reconocer que a lo largo de casi toda su historia moderna, ha dirigido su mirada a las áreas del hacer, del poder o del tener, soslayando el tema del ser, el significado y la trascendencia, y que en muchas oportunidades ha confundido la ontología con la Religión o, en el peor de los casos, la ha reducido a un epifenómeno o a una patología encubierta.


Mientras Maslow en Estados Unidos intuía las limitaciones del movimiento que él mismo había creado, un psicoanalista checoslovaco, rescatando el trabajo pionero de Otto Rank, se lanzaba a la tarea de cartografiar nuevos espacios del inconsciente, hasta entonces inexplorados por la Psicología. Se trataba del Dr. Sran Grof, quien pocos años después, invitado por el gobierno de los Estados Unidos a dirigir un instituto de investigaciones psiquiátricas en Maryland, termina conociendo a Maslow en el mismo Esalen.

Rescatando los aportes pioneros de Jung, Assagioli y el Existencialismoambos, junto al Dr. Anthony Sutich, fundan la Psicología Transpersonal (más allá de la personalidad). A lo largo de los años se van sumando a este nuevo movimiento autores de la altura de Viktor Frankl, Ken Wilber, Daniel Goleman, Joseph Campbell, Huston Smith, Charles Tart,  Francis Vaughan, Roger Walsh, Stanley Kripner y muchísimos más. De este modo, la búsqueda del ser, el significado y la experiencia vívida de la trascendencia vuelven a ocupar el lugar histórico que todas las culturas de la humanidad le habían asignado: el estudio empírico de las potencialidades evolutivas de la conciencia humana, tanto en sus aspectos filo como ontogenéticos (en la especie humana y en el individuo).

La inclusión en la Psicología del tema del ser y la trascendencia, muy lejos de convertirse en una mera disquisición filosófica o abstracta, se convierte rápidamente en una cuestión clínica de primer orden, y el estudio de la conciencia ocupa el centro de la escena académica. Surgen así los tres grandes campos de investigación de la Psicología Transpersonal actual: el estudio de los estados no ordinarios de conciencia; el estudio evolutivo de la conciencia y el intento de integración de las escuelas psicológicas anteriores y actuales. Siendo estos tres campos tan sólo las tres caras de una misma realidad única.


Los estados no ordinarios de conciencia



La primera gran observación de los psicólogos transpersonales estuvo centrada en el hecho de que la mera adaptación y aún el éxito en el marco de lo social, no parecían aportar no sólo la dicha, sino tampoco ninguna garantía de estabilidad emocional y salud mental (recordemos, sin ir más lejos, que las más altas tasas de suicidio se dan en los países más desarrollados). Más allá (o más acá) de la satisfacción afectiva, sexual, económica y profesional (lo personal), parecía esconderse siempre un fondo difuso de insatisfacción vinculado a la percepción intuitiva de lo que he denominado el “síndrome de desarraigo cósmico”. Los psicólogos contemporáneos consideramos una verdad irrefutable que la enseñanza inadecuada del uso del retrete o la insatisfacción sexual son generadores de neurosis (y por cierto que pueden serlo). Sin embargo,  nos resulta difícil aceptar que el hecho de que una persona se perciba a sí misma como un paréntesis entre la nada y la nada, perdida en un cosmos al que no le encuentra sentido alguno, arrojada al mundo sin conciencia de su origen ni de su destino y condenada al más crudo absurdo, pueda generar graves trastornos psicológicos.

Sin desestimar la importancia de las causas biográficas de nuestras enfermedades (básicamente el desarrollo psicosexual), ¿podemos comparar el peso de esta etiología con la abrumadora angustia que producen el desconocimiento de nuestros orígenes, la infinitud del cosmos, la muerte inexorable y el posible absurdo de la existencia?

Todas las culturas de la humanidad, en todos los tiempos y rincones del planeta, han percibido esta oscura sensación de orfandad (que ha sido asociada a la aparición evolutiva de la cultura misma, de los homínidos, del neocortex, del lenguaje, de la civilización, etc.) y han procurado brindar a sus miembros una respuesta; siendo nuestra cultura tecnocrática la primera  en la historia que, por el contrario, ha procurado reprimir esta pregunta.

Por un lado, las culturas han ofrecido sistemas de creencias, mitos y/o dogmas que procuraban aplacar esta “inseguridad ontológica generadora de angustia”. Pero desde la Ilustración hasta nuestros días, el hombre y la mujer modernos, y más aún los post-modernos, no encuentran ya satisfacción en estas modalidades.

Por otro lado, afortunadamente, todas las culturas han aportado también herramientas y métodos empíricos para sanar esta escisión. Desde este enfoque, se destaca un hecho de enorme significación, y es que la percepción del sí mismo como una entidad abstracta y disociada del cosmos suele estar anclada a los estados ordinarios de conciencia, es decir, nuestro estado habitual de vigilia, dentro de las coordenadas de tiempo y espacio euclidiano-nwetonianos.

Precisamente, las herramientas y métodos empíricos aportados por tantas culturas, tenían como meta el acceso a estados no ordinarios de conciencia que, en muchos casos, brindaban experiencias vívidas, empíricas y verificables de estados ampliados de conciencia, dentro de los cuales, la orfandad cósmica transmutaba en una profunda experiencia de integración y pertenencia indisoluble a lo que Wilberdenomina el Kosmos.

Durante muchos años, el materialismo organicista pretendió reducir estas experiencias a meros estados alucinatorios frutos de la sugestión, la histeria o la intoxicación cerebral. Hoy contamos con una cantidad abrumadora de evidencias antropológicas y arqueológicas que nos demuestran que, muy llamativamente, estos supuestos estados delirantes y/o alucinatorios, fueron las raíces de complejos sistemas filosóficos cuya estructura es en una infinidad de casos increíblemente similar. Teniendo en cuenta que se produjeron en las más diversas épocas históricas y en los más remotos puntos del planeta, sus similitudes y equivalencias son, cuanto menos, dignas de un estudio mucho más serio y menos reduccionista.

Dado que estos estados de conciencia expandida pueden reproducirse por medios sumamente simples y naturales y sin necesidad de recurrir a tóxicos ni a prácticas esotéricas, la Psicología Transpersonal los ha puesto en el centro de su atención como una extraordinaria fuente de sanación y transformación personal, que se están utilizando ya, no sólo en psicoterapia, sino también, por sólo dar un ejemplo, en el tratamiento de pacientes con patologías orgánicas graves. Entre las técnicas utilizadas para tal efecto se cuentan la Respiración Holotrópica, la audición de música de trance, la Danza Primal, la  hipnosis, la visualización creativa, la meditación y muchísimas técnicas que sería muy extenso explicar y aún enumerar aquí. Entre los pioneros de esta rama debo destacar nuevamente a mi maestro, el psiquiatra checoslovaco  Dr. Stan Grof.



PARTE 3


Las posibilidades evolutivas de la conciencia humana.

El estudio de los estados no ordinarios de conciencia llevó poco a poco al convencimiento de que la conciencia humana no constituye  un fenómeno estático sino un proceso evolutivo en permanente transformación, y que la conciencia ordinaria de vigilia, no es más que una modalidad entre muchas otras y característica de un estadio entre muchos otros.

La Psicología Transpersonal se convirtió entonces en una auténtica Psicología Evolutiva. Integrando los aportes de la psicología clínica freudiana y neofreudiana, el cognitivismo piagetiano y neopiagetiano, la Psicología Existencial y Humanística, la Sociología y los modelos de la conciencia de las antiguas tradiciones de sabiduría de la humanidad, se fueron construyendo mapas de la evolución de la conciencia, tanto en la historia del individuo como de la especie, que hoy nos ofrecen extraordinarias posibilidades para la comprensión de los procesos psicológicos y sociales, tanto en la salud como en la patología.

La figura más destacada dentro de esta rama de la Psicología Transpersonal es sin duda la de Ken Wilber, el escritor académico cuyas obras más se han traducido en toda la historia de los Estados Unidos, quien hace tiempo viene siendo considerado el pensador más integral y profundo de la actualidad y cuyas obras han sido comparadas, en trascendencia, a las de Hegel y Heidegger. El mismo Wilber, junto a otros importantes pensadores, ha fundado el Integral Institute, un espacio internacional e interdisciplinario en el que muchos trabajadores de la ciencia, la educación y la salud estamos realizando aportes para la construcción de una visión profundamente integral de la persona humana, la medicina, la psicología, la política, las empresas y la educación.




El intento de integración de las Escuela Psicológicas



En tanto Psicología Evolutiva, la Psicología Transpersonal ha demostrado con una enorme cantidad de pruebas y con marcos teóricos sólidos y sofisticados que el consuetudinario enfrentamiento entre las diversas escuelas de Psicología, no es más que el fruto de una visión muy parcializada y estrecha del fenómeno de la conciencia.

El “Espectro de la Conciencia” desarrollado por Wilber y enriquecido por muchos otros autores, ha servido para demostrar que todas las escuelas de Psicología están en lo cierto en determinados planos del gran fenómeno de la conciencia humana y que, por lo tanto, la discusión no debería pasar ya por cuál escuela tiene razón y cuál está equivocada, sino por cuál estadio de la evolución de la conciencia, con sus correspondientes manifestaciones saludables y sus patologías, es el que cada escuela ha estudiado y comprendido con mayor claridad.

Siguiendo este modelo integrador de enorme poder explicativo y terapéutico, la Psicología Transpersonal afirma que todo ser humano encarna por naturaleza un proyecto trascendente, como ya lo demostró acabadamente Heidegger. Puede este proyecto adquirir un aspecto existencial, religioso o espiritual, esto no es lo más importante; lo esencial es que de un modo u otro existe incondicionalmente en todo individuo. La Psicología Transpersonal procura entonces brindar respuesta a este llamado a la completud que late en nuestros corazones, brindando modelos de psicoterapia y crecimiento personal que incluyen y respetan todas las manifestaciones y potencialidades humanas.


Siendo el último gran movimiento de pensamiento fundado en la psicología académica, su vocación de sintetizar y honrar todas las escuelas anteriores, lo lleva permanentemente a sumar e integrar en lugar de criticar livianamente, dividir y restar.  Mientras muchos psicólogos siguen parapetados en la trinchera de su escuela, lanzando críticas irresponsables a teorías, métodos y técnicas que por lo general no conocen con profundidad, pues nunca los han estudiado ni practicado, la Psicología Transpersonal sintetiza, entre muchas otras disciplinas, la profunda mirada clínica y dinámica del Psicoanálisis; el trabajo corporal de Reich y la Bioenergética o el modelo experiencial de la Gestalt, a los cuales integra y enriquece con una visión ampliada de la conciencia y el inconsciente humanos y con una enorme cantidad de métodos y técnicas de autoconocimiento, sanación y trascendencia.

Es decir entonces que la Psicología Transpersonal no constituye una mera suma de lo anterior sino un nuevo modelo de la mente humana que integra y trasciende las grandes escuelas del pasado, aportando, a través de  estudios en todo el mundo, una dimensión absolutamente nueva y de alcances incalculables para el desarrollo humano.

Para terminar, es indispensable realizar algunas aclaraciones acerca de la difusión masiva, no científica y no académica de la Psicología Transpersonal. Dada la profundidad de su objeto de estudio y la enorme atracción que este tema despierta en la población, algunas personas inescrupulosas, irresponsables y sin ninguna formación sistemática en Psicología Transpersonal, suelen arrogarse el pseudotítulo de Transpersonales (y hasta de Psicólogos), vinculando a esta disciplina con todo tipo de mancias y prácticas esotéricas pseudocientíficas. De esta manera, el esfuerzo de la Psicología Transpersonal por incorporar en la discusión científica los fenómenos transracionales (más allá de la razón estrecha) es confundido con la intención de reivindicar los modelos irracionales y prepersonales, que nada tienen que ver con la expansión de la razón.

Por otra parte, estos mismos personajes, son los que han llevado a ciertos sectores de la opinión pública a confundir la Psicología Transpersonal con la Religión, lo cual constituye un despropósito. Un verdadero Psicólogo transpersonal no realiza ningún tipo de actividad “evangelizadora”. Sus creencias personales pertenecen a su vida privada y no tiene porqué mezclarlas con su trabajo. Mientras el sacerdote tiene la obligación de brindar respuestas desde su sistema de creencias, el psicólogo tiene la obligación de no brindar respuestas y simplemente acompañar a su paciente en sus preguntas. Su objetivo no es la conversión sino la sanación. Para decirlo con una metáfora muy ilustrativa, un psicólogo transpersonal que procura convencer a sus pacientes de sus creencias equivale a un psicólogo social que busca afiliar a sus pacientes a su propio partido o a un sexólogo que se ofrece para servicios sexuales, es decir, estamos hablando de graves faltas a la ética, que son responsabilidad exclusiva de cada profesional y no de los principios científicos de cada escuela.

Hechas estas aclaraciones, podemos concluir diciendo que la Psicología Transpersonal, abrazando lo más depurado de la ciencia contemporánea y las profundas intuiciones de las grandes tradiciones de sabiduría de la humanidad,  está trabajando intensamente para sanar la antigua herida de nuestra cultura, producida por la lucha insensata entre los fundamentalismos pseudoreligiosos y pseudocientíficos, y se está convirtiendo poco a poco en una más de las fuentes de esperanza para la sanación y desarrollo de nuestra civilización.



Lic. Daniel Taroppio,
Psicólogo ,M.D.P.